Río Lauca, cambalache
Autor(es): Albaro Gonzales Quint
En tiempos de Evo Morales se creó una entidad para la defensa del Silala y los recursos hídricos con Chile (Diresilala). Las autoridades sugerían poner a Chile de rodillas con otras demandas adicionales aplicando una estrategia tenaza. Se dijo que Bolivia podía demandar las aguas del Silala y la desviación de los ríos Lauca y Caquena. Hoy, estimado lector, abordaremos el mito del río Lauca y la inexistencia de alguna controversia pendiente.
Durante años Bolivia sostuvo la Tesis Aguirre Achá, vetando el trasvase de aguas internacionales de una cuenca a otra, y afirmó que Chile había desviado el Lauca, antes de su ingreso a Bolivia, sin su consentimiento.
El libro rojo del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre la Desviación del río Lauca de 1962 y la publicación de Iturralde Chinel permiten repasar los antecedentes. Bolivia conocía desde la década de 1930 las intenciones de Chile de regar su árido norte con aguas del altiplano boliviano. En la presidencia de Aguirre Cerda (1939), se iniciaron obras de ingeniería en Chile. Bolivia efectuó reservas, solicitudes de información y protestas, utilizando la Declaración de Montevideo de 1933 sobre el uso industrial y agrícola de los ríos internacionales que establecía el derecho de aprovechar las aguas internacionales con la condición de no perjudicar el igual derecho de otros Estados, y la necesidad de un acuerdo en caso de evidenciarse perjuicios. Para Chile se trataba de un aprovechamiento natural.
En los años 40, comisiones mixtas buscaron un acuerdo definitivo. Para 1949 Chile afirmó que Bolivia no había observado su proyecto y no existiendo perjuicios continuarían las obras. Los reclamos de Bolivia no eran consistentes y luego en los años 50 guardó silencio. Una nueva comisión se conformó en 1960. Bolivia retomó las reservas, pero sin estudios técnicos apoyando sus argumentos. En conclusión, no se determinaron los menoscabos contra Bolivia.
Bajo la presidencia de Alessandrí (abril de 1962) se inauguraron las obras. Bolivia denunció el hecho como una agresión territorial ante la OEA, invocando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, rompiendo además relaciones diplomáticas. El consejo de la OEA emitió una resolución llamando al diálogo. Bolivia pretendía ir a una conciliación y Chile sugirió un arbitraje o acudir a la Corte Internacional de Justicia sometiendo una controversia jurídica. Curiosamente Bolivia, siendo el Estado agredido, no aceptó llevar el caso ante una instancia jurisdiccional.
Nuestra posición fue claramente errática. El gobierno y la Cancillería confundieron la naturaleza de la controversia y mixturaron los aspectos diplomáticos, políticos y jurídicos; lección no aprendida en tiempos del MAS. Inicialmente, Bolivia planteó su posición bajo un prisma jurídico, luego, ante la OEA, abordó la cuestión como exclusivamente política, y en los años posteriores buscó la vía diplomática. En los años 70 se esbozó la cesión del Lauca a Chile como parte de las compensaciones por una salida al mar en la negociación abierta en Charaña. Esta línea, un verdadero cambalache, se mantuvo en iniciativas posteriores.
En 2016, una delegación boliviana visitó Chile y volvió a denunciar la unilateral y abusiva desviación. Chile recordó que las obras se habían realizado en la cabecera del río, sin embargo, a posteriori, las aguas alimentadas por varios tributarios llegaron siempre a la frontera, pasando hacia Bolivia con un importante caudal.
Como se ha evidenciado en el caso del Silala, los Estados que comparten aguas internacionales pueden usarlas de manera equitativa y razonable. La controversia histórica sobre el desvío del Lauca no tiene sustento en la actualidad. La jurisprudencia internacional afirmó la “comunidad de intereses”, el derecho común y la igualdad de los ribereños respecto del uso de ríos (río Oder, 1929) y ha sido enfática al establecer que los Estados deben probar daños significativos.
Arica recibe agua del Lauca, no obstante, lo cierto es que el curso natural del río no fue desviado y tampoco ha perdido su carácter internacional. Cruza la frontera un caudal aproximado de 2500 l/s. Sus aguas se juntan con el Sajama y son utilizadas por las comunidades chipayas. De hecho, deben alimentar a la Laguna y Salar de Coipasa y corresponde a nuestras autoridades velar por la sustentabilidad y aprovechamiento de ese importante recurso hídrico sin ensayar otras disputas con Chile.
Fuente: https://www.paginasiete.bo/opinion/columnistas/rio-lauca-cambalache-LA7424287


